20 dólares

Era el último día de ese viaje, estábamos en un hotel no muy bueno a diferencia de las otras noches, y la presencia de la policía en las calles era perturbadora. A la mañana siguiente tomaría un avión sin saber si habría un nuevo encuentro, por lo que esa noche queriamos pasarla juntos.

Cada uno tenía un compañero de habitación, haciendo nuestro deseo difícil de cumplir. Así que salí, tomé el ascensor hasta la recepción, donde un botones medio dormido hacia las veces de recepcionista, celador y fantasma.

- Necesito una habitación- me animé a decir, tratando de hacerlo con la naturalidad del que sabe lo que quiere. Vale 100 dólares- respondió. Consulté mi reloj, eran las 2:50 AM, mi taxi salía a las 6 para el aeropuerto.

Flaco, es solamente por un par de horas, una señorita quiere conversar conmigo algunas cosas en privado y no tengo lugar. El brillo de sus ojos mostraba que había comprendido aunque se hiciera el idiota.

-Ya todas las habitaciones están reservadas, la mucama las terminó de arreglar hace poco.

- Bueno, no hay problema. Prometo dejar todo como lo encuentre, nadie tiene porque saber que estuvimos allí.

Le dí 20 dólares y me entrego la llave. Lo que pasó allí adentro no lo puedo decir, cumplí mi promesa de dejar todo como estaba, y aún hoy recuerdo que durante el vuelo de regreso a casa dormí con su aroma en mis manos, como un bebé.

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