Transformando al Demonio en Superheroe



Todos tenemos un demonio adentro había dicho un tal Drácula por allá en el siglo 19. Pues el mío me cambió.

Era un demonio bueno, o no tan malo, un poco desordenado y definitivamente perezoso, pero que demonio no? Y hacia cosas malas, no terribles, pero tampoco era como para seguirle el paso, tocaba con frecuencia jalarle las orejas que eran largas y puntiagudas, sin embargo esto al parecer no le afectaba. Siempre que estaba tentado a hacer algo, comenzaba a susurrarme dentro de la cabeza que lo hiciera, que no me quedara con las ganas, que eso se acumula y luego estalla, y terminaba convenciendome.

Pero ya no, o mejor, ya no más. Porque decidí ponerle un trajecito de superheroe y convertirlo al bando de los buenos. Y no fue tan difícil, simplemente fue cuestión de dejar de pensar en lo que es bueno y lo que es malo y comprender de una vez por todas que todo es malo.

Con ese mensaje claro, todo lo demás se arregla.

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